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Seis falsos mitos sobre el uso de la tecnología en los centros escolares

Seis falsos mitos sobre el uso de la tecnología en los centros escolares

Tan solo el 38,5% de los padres piensan que los centros escolares deben completar su labor a la hora de enseñar a los niños a hacer un buen uso de la tecnología, mientras que más de la mitad consideran que es responsabilidad de los operadores de telecomunicaciones, cuando estas empresas no tienen la función de educar, según datos del informe ‘Hábitos seguros en el uso de smartphones por los niños y adolescentes españoles’ de Inteco y Orange, recogidos por Edutech, el hub que engloba a la comunidad educativa y tecnológica. Por ello, con motivo del Día Internacional de la Educación, que se celebró el pasado 24 de enero, es momento de desmontar las reticencias que existen en torno a la aplicación de la tecnología en el sistema de enseñanza por su supuesta influencia negativa en los más pequeños.

El debate ‘tecnología sí o no’ hace años que quedó superado con el devenir de los tiempos, pues ha demostrado que la realidad ya es tecnológica. Sin embargo, las falsas creencias y la falta de conocimiento han provocado incluso la prohibición definitiva de los dispositivos móviles en las aulas de algunas comunidades autónomas, la última la Comunidad de Madrid, generando en los niños una gran confusión y desmotivación con su educación, pues el lugar que les debe formar para ser ciudadanos plenos les prohíbe algo que ya conciben como normal, en lugar de enseñarles a usarlo de manera correcta y beneficiosa para ellos, mucho más allá de colocar una pizarra digital en clase o disponer de iPad. Y es que, como señalan esos datos, los padres todavía no consideran que sea en el colegio donde sus hijos deben aprender las competencias digitales que serán claves para su futuro

Ante el temor a que por el uso de la tecnología se resienta el rendimiento escolar, el programa Reinvent the Classroom de HP Education demuestra que, integrando la tecnología en la dinámica de aprendizaje de los adolescentes en un espacio innovador en el que se potencien las diferentes habilidades de cada uno, sus resultados académicos mejoran en un 30% en las competencias de Matemáticas, Ciencias y Escritura. 

Leer en el calendario de clases de la semana la asignatura de ‘Tecnología’ y preguntarse “¿qué les enseñarán aquí a mis hijos?” es algo que a más de un padre le habrá pasado. El error es concebir la competencia digital como una materia más, separada y descontextualizada, cuando lo realmente efectivo y beneficioso es enseñarla de manera que impregne el método de enseñanza de todas las asignaturas, igual que lo está en la vida real. Así, los alumnos la interiorizan como parte de su formación y aprenden a usarla de manera productiva. 

Las cabezas agachadas de los niños mirando las pantallas de los móviles es quizás la primera imagen que teman los profesores y padres cuando se habla de tecnología. Sin embargo, incluyendo el uso de estos dispositivos en clase para fines pedagógicos y guiados por un docente, los niños no sienten la necesidad de evadirse de la clase para disfrutar de su gadget favorito, pues ya están haciendo uso de él, de manera formativa.

El miedo a que la multitud de estímulos que emanan de los dispositivos electrónicos les haga ser menos observadores y les reste concentración se desvanece cuando se hace un uso de la tecnología guiado y enfocado a la adquisición de habilidades y conocimientos. Con ella, los niños fomentan su aprendizaje experiencial, el debate, la puesta en común de conocimientos, así como la reflexión y la investigación, pero, sobre todo, esta les ayuda a desarrollar las competencias que exige el mundo profesional y personal actual, como la capacidad de adaptarse a los cambios, de resolver problemas y de ser flexibles ante los entornos cambiantes. 

No podemos evitar que los adolescentes y niños vivan rodeados de tecnología y con acceso a Internet. Según datos de la agencia Adglow, recogidos por Edutech, la mitad de los niños con 11 años ya posee teléfono propio, lo que aumenta hasta el 75% para los de 12. Sin embargo, cuando entran en el centro educativo, se lo prohíben y demonizan, provocándoles un desconcierto y rechazo ante su educación, que deriva en desmotivación y bajos resultados académicos, a la vez que una mayor necesidad de emplear sus dispositivos digitales cuando salen de clase. Revirtiendo esta situación e integrando la tecnología en su aprendizaje en las horas lectivas, no tienen la necesidad de usarlo durante tanto tiempo cuando salen del aula, haciendo que utilicen ese tiempo libre en otras actividades, como las deportivas.

Tener acceso a la tecnología no aísla a los más pequeños del mundo y de la sociedad, es más, les sitúa en el centro y les aporta el conocimiento y las herramientas necesarias para entenderlo y vivir en él. Además, al tener todos acceso a ella en el aula, sin discriminación por mayor o menor poder adquisitivo, les hace sentirse iguales unos a otros por el mero hecho de contar con ella. A todo ello se une también la capacidad integradora de los alumnos con necesidades especiales ya que pueden disponer de unidades didácticas especialmente diseñadas para ellos, siguiendo así el ritmo de la clase sin necesidad de que el profesor les dedique más tiempo del que dispone para la totalidad de los alumnos.

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