El teletrabajo ha traído muchas cosas positivas en lo que a aprovechar mejor el tiempo, sobre todo en las grandes ciudades, se refiere. Empresas y trabajadores se han dado cuenta de que es muy favorable para promover la felicidad de los empleados, y es que hay quienes así se evitan sufrir diariamente atascos, largos desplazamientos, madrugones o la llegada a casa a unas horas en las que ya poco descanso se puede tener y escaso tiempo de dedicación a la familia y al hogar, por no decir a uno mismo. Algo que sin lugar a dudas acaba generando ansiedad, estrés y tasas de absentismo laboral más altas.
Por el contrario el teletrabajo también puede tener sus peligros para nuestra salud mental. Así lo advierte Marisa Navarro, doctora en medicina y escritora, que acaba de publicar su tercer libro “Las Ruedas Dentadas. Pequeños Cambios para Grandes Cambios”, en el que dice que “hay que tener en cuenta que, aunque estemos trabajando en nuestro domicilio, se debe saber diferenciar el tiempo, el entorno laboral, familiar, personal y de descanso”.
“Y es que el principal problema que encuentran muchas personas que están teletrabajando es que no son capaces de concentrarse, porque en el mismo momento pretenden abarcar sus responsabilidades laborales, con las del hogar o cuidado familiar, algo que sin duda genera un gran estrés”, comenta. Para que esto no ocurra la doctora explica una serie de pautas que se deben poner en practica, como levantarse con tiempo, aunque la sala en la que se trabaje esté solo a unos pasos del dormitorio, marcarse un horario, planificar la jornada o intentar que el lugar de trabajo esté en una habitación o espacio, en el que no puedan estar interrumpiendo constantemente.
Al margen de estas observaciones, Marisa Navarro explica que hay otra regla básica que resulta fundamental: vestirse y arreglarse como si fuéramos a salir de casa, como si tuviéramos a los compañeros de trabajo en la misma sala. ”Aunque parezca básico, no os podéis imaginar la de personas que asocian el teletrabajo con dejarse, con trabajar en pijama o con ropa de estar por casa, arreglándose solo si tienen una videoconferencia”. Este es un error muy común que quizás se ha potenciando ya que el inicio del teletrabajo llegó para muchos en pleno confinamiento, cuando no se podía salir de casa, comenta. Y explica que no es cuestión de ponerse como si fueras a un evento, pero sí de arreglarse.
Advierte que no ocurriría nada si el pasar el día en pijama se hiciera un día, pero dar por hecho que no hay que arreglarse implica desgana y abandono, y lo peor poca atención hacia nosotros mismos. ”Si dejas de arreglarte diariamente, al final estás creando un hábito, una desgana que comienza a extenderse más allá de lo que es ponerse a punto para ir a trabajar y por la que acaba dándote pereza todo”, matiza, porque termina contaminando otras áreas de tu vida.
Aunque parezca frívolo o poco importante, la doctora insiste en que verse bien es básico para nuestra salud mental, a su juicio esto implica que nos sintamos bien y, como consecuencia, que trabajemos mejor y con más ganas. Si en lo más básico no ponemos atención, es imposible tener ganas de trabajar y ser productivo. “Si te miras al espejo y te ves con más aspecto de ir a dormir que de ir a trabajar, acabarás sintiéndote mal, con peor estado de ánimo y al final tendrá consecuencias incluso en tu autoestima”. De esta manera advierte, que es imposible afrontar los retos y las dificultades, que se nos presentan en el trabajo. ”Vestirnos profesionalmente te pone en un estado mental diferente, te ayuda aconcentrarte mejor, al igual que si vistes de deporte, probablemente, estarás más predispuesto a dar un paseo” explica.
La doctora añade que con nuestra presencia y la indumentaria que llevamos al trabajo pretendemos demostrar por ejemplo autoridad, confianza, credibilidad profesional… Y es que existe una relación directa entre lo que sentimos en nuestro interior y la imagen que queremos proyectar al exterior, y cómo queremos que los demás nos vean. Pero de igual manera, la imagen que proyecto genera en mí pensamientos, sentimientos y acciones en la misma línea. Entonces, si esto se da por hecho, “por qué actuamos así para los demás, pero no lo hacemos para nosotros mismos?” se pregunta.
Al margen de la ayuda que supone arreglarse adecuadamente para teletrabajar mejor, Marisa Navarro también advierte que debe hacerse por otros motivos. Y es que al igual que nos permite conectar mejor con nuestra labor cuando lo hacemos, también nos es más fácil desconectar cuando uno se desviste, porque ya ha acabado la jornada laboral. “También se consigue que los tuyos te vean mejor y adopten una actitud más positiva con las labores profesionales que realizas, así como las que ellos tengan que hacer”, finaliza.

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